Yoga a ciegas

La creatividad  en el mundo del yoga es una realidad y las posibilidades de esta práctica son tantas que incluso puede, y me atrevería a decir debe, ser practicada con los ojos cerrados. Un antifaz y una esterilla, eso es todo lo que necesitas para disfrutar de un viaje hacia el interior. 

Antes de empezar la clase Xochtil, la profesora de Blinfold yoga, nos ha recordado que esta sería una práctica que nos obligaría a salir de nuestra zona de confort , que nos haría perder el control de la situación y, que a veces, podría ser desafiante e incluso incómoda. 

Ha establecido algunas reglas antes de comenzar, como no hacer trampa y quitarse la venda a menos que sea absolutamente necesario, recordándonos que cuando estemos perdidos o abrumados, respiremos, confiemos o descansemos si lo vemos necesario. Con la oscuridad resulta inevitable que los otros sentidos se activen, volviéndote más consciente de tu tacto, del olor, del oído e, incluso aunque a veces pierdas el control, también del sentido del espacio.

Si bien no me resulta extraño cerrar los ojos durante mi práctica de  yoga, siempre sé que tengo la opción de abrirlos, pero en este caso, abrirlos sólo me conduciría a más oscuridad. En algún momento me he sentido un poco inquieta buscando los bordes de mi esterilla para volver a tener “seguridad”. Y ese es el trabajo y el reto mental con el que nos enfrentamos constantemente, con nuestra mente, que siempre quiere saber y controlar.

De una manera similar a una dieta bien balanceada, si alimentamos todos nuestros sentidos con los nutrientes necesarios, aunque solo sea por pequeños momentos como el de hoy,  podríamos lograr una transformación personal.¿ No? De hecho, del ejercicio de hoy me llevo una mayor seguridad en mí misma. 

Aunque lo he dudado una y otra vez, aunque no tenía ni idea de si estaba o no ubicada en mi esterilla, me he dejado llevar y he confiado en mi sabiduría. Porque sí, porque la tengo. Porque llevo años practicando y porque conozco mi cuerpo. Me he levantado en un headstand y lo he disfrutado como una antes. 

Los beneficios de esta práctica son claros,  tus otros sentidos aumentan de forma natural, lo que te obliga a observar las áreas más débiles que necesitan fortalecimiento.  Obtienes una experiencia totalmente distinta, desde otro punto de ¿vista?. Confías más, te juzgas menos, no te distraes mirando a nadie salvo a tu verdadero yo. 

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