Voluntad, corazón y libertad

Cuando mueren los apegos, nace la libertad

El mundo de hoy parece un parque de diversiones para los sentidos. Imágenes, publicidades, sonidos y aromas provocan sensaciones que inundan nuestra mente con sólo asomarnos a la ventana de casa.

Una sociedad volcada a las experiencias pasajeras y al placer basado en cosas que dejarán de existir sólo nos brinda más avidez de experiencias y emociones en una rueda que puede no tener fin. Nuestros ojos ávidos de nuevos incentivos se perderán buscando colores y objetos que admirar. Nuestros oídos buscarán anzuelos para desatar reacciones o recuerdos, o canciones que inunden nuestra mente para perderse en la repetición. Nuestra boca, deseosa de sabor, buscará esos bocados para deleitar el cuerpo y la mente. Nuestra piel querrá ser tocada, la nariz ser más protagonista.

Así nos sumergimos en el apego, perdidos en una búsqueda interminable saltando de experiencia pasajera a sensación momentánea y no llegando nunca a la esencia, a la verdad.

El quinto paso de Ashtanga Yoga de Patanjali, Pratyahara, propone el trabajo para resolver esta tendencia y enfocar la energía y el trabajo hacia nuestro interior.

Pratyahara es la absorción de los sentidos. Apartar los órganos de percepción de los objetos exteriores y dirigirlos hacia nuestro ser profundo concentrando la atención hacia eso que es impermanente y que puede otorgarnos la paz y la felicidad.

Así, la mente que ha sido purificada por los pasos anteriores, yamas, niyamas, asana y pranayama, se enfoca en descubrir esa esencia verdadera y se prepara para los pasos siguientes: la concentración, la meditación y la unión.

Esto últimos tres dharana, dhyana y samadhi son el objetivo último de la búsqueda yogui. Vivir en la unión.

Por eso, creo que hoy el desafío que tenemos delante es lograr vivir esta verdad aún cuando el mundo entero propone que miremos en otra dirección. Los obstáculos, representados en diversas formas y situaciones, aparecerán a diario y aunque cada día es diferente, cada segundo que logramos liberarnos de estos placeres momentáneos de la mente, aunque sean sólo algunos segundos, estamos un paso más cerca de la libertad.

Ahora imagina un espacio en el que los sentidos se ven atraídos a señuelos que pueden ayudarte. Eso es la byc, ese espacio casi utópico en el que cuando miras, ves yoga; cuando escuchas, oyes bhakti; cuando sientes, percibes energía; cuando hueles, reconoces el prana y cuando practicas conectas.

Ese espacio en el que manipura y anahata trabajan juntos para unir el dar y el recibir en la magia que llamamos yoga. Voluntad con amor y amor con voluntad. El deseo de superar los obstáculos para ser más capaces de amar. El deseo de amar desinteresadamente para ser más capaces de hacer el bien sin mirar a quién.

Primero la voluntad de discernir lo real de lo irreal, luego la capacidad de amar todo y todos por igual y finalmente ser libre para vibrarlo y transmitirlo. Una nueva forma de vivir es posible, si queremos hacer el trabajo, claro.

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Patricia Torales Photography

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