Gansos salvajes

La primera clase a la que asistí con Biff Mithoefer era al aire libre, en aquella especie de gran carpa aislada al otro lado del repertorio de stands y gran parte de la concurrencia. Nunca había asistido a ninguna de sus sesiones ni le conocía personalmente. No obstante no faltó persona que, sin dudar de su convicción, me dijese que “debía” tomar una clase con él y aprovechar esta gran oportunidad – que me concedía BYC – para disfrutar de ello. Iba con una considerable expectativa y salí con un resultado mayor del que esperaba, cosa que se da pocas ocasiones en la vida. El aire azotaba ágilmente esa gran pancarta que se tambaleaba tras la tarima en la que se encontraban Biff junto a Prema Mayi, una músico cantante chilena dedicada al Bhakti yoga y al Kirtan. La sola presencia de esta última evocaba en mí paraderos muy alejados del lugar en el que nos encontrábamos: laderas colmadas de vegetación, jungla , una comunidad y niños correteando descalzos sobre el barro… Era como una luminosa e inmune burbuja en mitad del océano presente. Cuando comenzó a cantar, la calma que transmitía empezó a extenderse aletargando paulatina y vaporosamente a los asistentes. Tanto Biff como ella se sumergieron en un evidente estado de meditación que contrastaba con la agitación de algunos practicantes que buscaban un sitio, llegaban tal vez después de una sesión dinámica, se saludaban enérgicamente o comentaban algo,…

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Biff Mithoefer y Prema Mayi

Entonces el hombre comenzó a guiar la clase y sus correspondientes asanas, comunes en la práctica de Yin Yoga. No hubo ninguna complejidad o sorpresa en las mismas y fueron recitadas con el ralentizado ritmo que caracteriza a este estilo. La vegetación que circundaba parecía cobrar un protagonismo singular y lentamente nos íbamos alineando con la naturaleza que nos rodeaba, con la naturaleza que circula por nosotros… Entonces Biff comenzó a recitar esa bella poesía, cuyas palabras eran perfectamente intercaladas entre sus instrucciones, liberadas por él con la sutileza con la que el incienso se desprende de sus cenizas y disuelve su humareda a través del entorno. Estas parecían penetrar en lo más hondo de nuestra vulnerabilidad despertando inquietudes esenciales, rebelando enquistadas verdades.

Me gustaría compartir algunos de estos versos y aprovecho para agradecer a la persona que me ha ayudado a obtenerlos y a BYC por darme la oportunidad de vivir experiencias así.

“El aliento en el aliento” de Kabir

¿Me estás buscando? Estoy sentado junto a ti, espalda contra espalda.
No me encontrarás en la estupa, ni en los templos indios ni en las sinagogas, ni en las catedrales, ni en las multitudes, ni en los kirtans, ni en las piernas forzadas en torno al cuello, ni en la comida vegetariana…
Cuando me busques de verdad, me verás inmediatamente. Me encontrarás en la fracción más minúscula del tiempo.
Kabir dice: “Estudiantes decidme, ¿qué es Dios?”.
Es el aliento en el aliento.

“Gansos salvajes” de Mary Oliver

No tienes que ser buena.
No tienes que caminar de rodillas durante cien millas a través del desierto, arrepintiéndote.
Solo tienes que dejar que ese delicado animal que es tu cuerpo ame lo que ama.
Cuéntame acerca de tu desesperación y yo te contaré la mía.
Mientras tanto el mundo sigue.
Mientras tanto el sol y los guijarros cristalinos de la lluvia avanzan a través de los paisajes,
sobre las praderas y los frondosos árboles, las montañas y los ríos.
Mientras tanto los gansos salvajes, que vuelan alto en el aire azul y puro,
se dirigen nuevamente a casa.
Seas quien seas, no importa cuán solitaria estés, el mundo se ofrece a tu imaginación,
te llama como los gansos salvajes, chillando con excitación,
anunciando una y otra vez tu lugar en la familia de las cosas.

chrisyoung
Fotografía de Chris Young

“El viaje” de Mary Oliver

Un día finalmente supiste lo que debías hacer, y empezaste,
aunque las voces a tu alrededor continuaban gritando sus malos consejos,
a pesar de que toda la casa empezara a temblar
y sintieras el viejo tirón en tus tobillos.
“¡Arregla mi vida!” cada voz lloraba.
Pero no te detuviste.
Sabías lo que debías hacer,
a pesar de que el viento levantó con sus dedos rígidos
los cimientos mismos,
a pesar de que su melancolía era terrible.
Ya era suficientemente tarde, una noche salvaje,
y la carretera llena de ramas caídas y de piedras.
Pero poco a poco, mientras dejabas atrás sus voces,
las estrellas comenzaron a arder entre las capas de nubes,
y hubo una nueva voz que lentamente reconociste como propia,
que te acompañó mientras te adentrabas más y más en el mundo,
decidida a hacer la única cosa que podías hacer,
decidida a salvar la única vida que podías salvar.

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Fotografía de Wari Om
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